Es cierto que la novela tiene como una de sus dimensiones principales la denuncia radical del totalitarismo. Respecto del fascismo –término genérico empleado por el autor-, la denuncia es patente en la representación del martirio de los judíos, eficaz en un par de pasajes que se encuentran entre los más dramáticos de la novela: el de la carta de la madre judía de uno de los protagonistas, Viktor Pávlovich Shtrum, a cuyas manos llega después de asesinada su madre por los nazis; y el del acarreo de una cantidad de judíos a un campo de exterminio. Su destino final es una cámara de gas, en la que otro personaje, Sofía Ósipovna Levinton, consuma al fin su naturaleza maternal con un niño al que ha conocido hace poco. Pero también esta denuncia procede según la modalidad de incisos discursivos en los que el autor declara la guerra al fascismo, contraponiéndolo explícitamente a toda aspiración libertaria y humanitaria. El fascismo –en este sentido- es el enemigo ya no tanto del comunismo soviético como de la patria gran-rusa y de la humanidad toda, incluidos los propios alemanes (sus primeras víctimas). Por otra parte, la denuncia del régimen soviético es de tipo
‘interno’, consecuentemente con el hecho de que sea el comunismo
estalinista la versión de totalitarismo que se ha apoderado de Rusia y
su imperio plurinacional y se erija, de este modo, en su enemigo
endógeno –así como el fascismo es su enemigo externo-. Grossman nos
muestra la perversidad del estalinismo desde la entraña misma del
régimen, supresor de libertades y derechos y corruptor de toda relación
humana: el del estalinismo es un ambiente emponzoñado por la constante
persecución y delación de la individualidad, siempre acosada por el
miedo, la doblez y el servilismo. Sin formulaciones discursivas ni
sentencias condenatorias, por demás imposibles en el contexto de la
época, la tiranía estalinista es objeto de la acusación que subyace en
la certera descripción de sus rigores. Tan certera que el régimen
impidió la publicación de la novela –y un editor llegó a decirle a su
autor que este impedimento se extendería por doscientos años. Por
fortuna no ha sido así-. Rodrigo. Es una obra monumental que supera las mil páginas, siguiendo la tradición de Tolstoi. De lectura obligada el algún momento de nuestra vida. |
| Es una joya, requisitoria contra el absolutismo que sorprende teniendo en cuenta que el autor tenía 18 años, escrita en el siglo XVI. |
| "Eliminar a los hombres en tanto que activos es algo que ha ocurrido con frecuencia en la historia, sólo que no a escala mundial bien sea en la forma (para nosotros extraña y pasada de moda) de la tiranía, en la que la voluntad de un solo hombre exigía vía libre, bien sea en la forma del totalitarismo moderno, en el que se pretende liberar «fuerzas históricas» y procesos impersonales y presuntamente superiores con el fin de esclavizar a los hombres." |